Tras un magnífico desayuno en una típica "boulangerí" del centro de
Calais, arrancamos la etapa mas larga del viaje. Un resplandeciente sol
nos acompañó por toda la costa francesa, totalmente llana y con un
cómodo carril bici, algo que agradecimos después de la experiencia
británica. Pasado Dunquerque, paramos en un Carrefour de Bray-Dunes,
donde por unos 8 euros comimos los tres. El menú estaba compuesto por
unas bandejitas con pollo asado y patatas, regadas con una sublime
Coca-Cola. íbamos a continuar la ruta cuando decidimos hacer una parada
en la playa de Bray-Dunes. Las playas del norte de Francia, son
inmensas, no demasiado saturadas de gente y de una arena dorada que nos
causó un efecto maravilloso en nuestros castigados pies. La hora escasa
que pasamos holgazaneando tirados en la arena de Bray-Dunes constituyó
uno de los momentos a recordar de todo el viaje. Con mucho pesar
reanudamos la etapa, entrando en un nuevo país en 3 días, Bélgica.
Cuando las fuerzas empezaron a escasear paramos en un solitario bar de
carretera, donde con estupor vimos en la televisión las imágenes del
atentado de Niza del dia anterior, donde un camión arrollaba sin
compasión la vida de 85 personas. Conmocionados, continuamos camino
hasta la esplendida Brujas, habíamos recorrido nada menos que 129 kms.
Brujas merecía una parada. Dedicamos todo la mañana a recorrer sus
calles, disfrutar de sus canales y sus concurridas plazas. Una ciudad de
cuento donde disfrutar de un café mientras se deja pasar el tiempo. De
los mil rincones para perderse que tiene la ciudad, destacaría el puente
de San Bonifacio y el canal Dijver, dos lugares a los que no se puede
parar de fotografiar una y otra vez. Después de comer la mejor ensalada
cesar de nuestras vidas y un tremendo plato de pasta, decidimos reanudar
el viaje hasta Gante. El trayecto transcurre por un carril bici
paralelo al rio Lys, rodeados de álamos y trinar de pájaros. Una
verdadera delicia que nos acompañó hasta la llegada de Gante. Gante es
una ciudad estudiantil con un precioso centro urbano medieval dominado
por la torre Belfort, el campanario que es la imagen mas representativa
de la ciudad. Gante estaba de fiestas y todo el centro estaba tomado por
miles de personas, así que dejamos las bicis en el hotel y acabamos el
día inmersos en el gentío que inundaba la plaza Korenmarkt.
Gante-Bruselas-Lovaina (17/07/2016) - Mapa

Posiblemente la etapa más fea que hayamos hecho hasta el momento, con un
carril bici paralelo a una carretera con continuo tráfico de coches y
camiones, un calor asfixiante y un paisaje monótono y aburrido. Lo único
destacable fue la parada en Bruselas. Atravesar los barrios de las
afueras de Bruselas es impactante, uno parece transportarse al norte de
África. Es desconcertante estar en el corazón de Europa y sin embargo,
parecer estar en otro continente. Bruselas, es la Babel europea, con
gentes de cualquier rincón del mundo. Después del atentado ocurrido el
14 de Julio en Niza, Bruselas estaba tomada por el ejército, con pilonas
de hormigón que cortaban el tráfico del centro. Todo ello, con plazas y
calles abarrotadas de turistas, todo un poco extraño. Después de
saborear una fuente mejillones al vapor, plato típico de Bégica, y un
plato de pasta, dejamos Bruselas y volvimos a nuestro árido y aburrido
camino hasta Lovaina. Lovaina es una ciudad estudiantil, ideal para
disfrutar una beca Erasmus, con numerosos restaurantes, cervecerías y
terrazas. Menos mal que después de un día tan duro y caluroso, lo
cerramos en la cervecería artesanal Domus, sin duda la mejor cerveza que
nos tomamos en todo el viaje.
Lovaina-Maastricht (18/07/2016) - Mapa
Otra etapa en la misma tónica que la anterior, mas gasolineras, camiones
y calor. Cuando estábamos hartos de bicicleta paramos a comer en un
Lidl, donde compramos una ensalada precocinada, agua, unos bocadillos y
una sandia. Ese era el panorama y allí estábamos, comiendo en la calle,
al sol, un poco hasta las narices de Bélgica. Sin embargo, todo mejoró
llegando a Holanda, donde volvió la vegetación y nos permitió entrar en
Maastricht con la moral algo mejorada. Maastricht, es una pequeña y
acogedora población situada entre dos brazos del rio Mosa. Su aspecto es
sobrio, con calles no muy concurridas, pero francamente agradable.
Cenamos en la plaza de la basíica de San Servasio con aroma a final de
viaje, al día siguiente nos esperaba la etapa final.
Maastricht-Colonia (19/07/2016)
El paisaje había cambiado drásticamente a mejor. Verde por todas partes,
grandes arboledas y prados con sus vacas y todo. Lo peor es que comenzó
en una continua subida hasta prácticamente la llegada a Aquisgrán, ya
en Alemania, el quinto y último país de nuestro viaje. En Aquisgrán,
teníamos interés en ver su catedral. En ella se habían coronado todos
los emperadores alemanes y mandada construir por Carlomagno. Lo
sorprendente fue ver una catedral tan al norte y con un aspecto tan
oriental y bizantino. Verdaderamente bonita. Frente a la catedral había
una típica cervecería alemana, y por supuesto no podíamos dejar pasar la
oportunidad de comer unas fabulosas bradwurst acompañadas de una
generosa jarra de cerveza alemana. Teníamos que continuar y no podíamos
suponer que la etapa se complicaría con más calor e importantes rampas
que nos fueron minando hasta dejarnos las piernas inservibles. Así,
llegamos con más pena que gloria al final de nuestro viaje, Colonia. La
contemplación de la catedral de Colonia es sobrecogedora. Con una altura
impresionante domina toda la ciudad. Colonia es bastante sucia, grande,
impersonal y desordenada, por ello, el día siguiente, que teníamos
libre hasta coger el avión, lo dedicamos, como viene siendo ya una buena
costumbre, en relajarnos en Aqualand, parque acuático de esta ciudad
donde borramos todo el cansancio acumulado en estos maravillosos 7 días.